Las entrevistas de los martes en “Oye... ¿Cómo van?” (15-02-11)
Víctor Ramos entrenador y David Villalba e Iñaki Velasco jugadores del alevín C de La Escuela de Rivas
La pasada temporada, Víctor Ramos, jugador del Aficionado A de La Escuela de Rivas, ejercía de entrenador en compañía del presi, José Álvarez de uno de los equipos cadetes de La Escuela. Recuerdo que en una de las entrevistas cortas que le grabé confesaba que tenía ganas de entrenar a un equipo desde abajo, desde los inicios para irlos formando a su manera y para verlos crecer deportivamente hablando.
Esta temporada ha tenido la oportunidad de empezar como él decía. Desde los alevines, con jugadores de primer año y con chavales ilusionados por aprender a jugar.
El paso del fútbol 7 a fútbol 11 lo han acusado de manera importante, si bien Ramos se muestra feliz de ver que pese a que solo han ganado dos partidos, el crecimiento deportivo en general ha sido espectacular. Conocen las posiciones en las que se reparte un equipo de fútbol. Han sido capaces de saber lo que es un fuera de juego y conceptos básicos pero importantes los tienen asimilados a la perfección.
Iñaki es delantero centro y es el pichichi del equipo. Su equipo favorito es la Real Sociedad y los jugadores que más le gustan son Griezman y Xabi Prieto, si bien cuando ampliamos el abanico a jugadores que no sean de la Real, dice que Messi es muy bueno y que no le importaría parecerse a él.
David por su parte es aficionado del Real Madrid y como juega de medio centro su ídolo es Xabi Alonso. También le gusta Iniesta y reconoce por último que el
otro Xavi, Hernández, es el jugador al que más le gustaría parecerse jugando.
Son felices en el equipo y son muy espontáneos. No son precisamente políticamente correctos. Cuando les pregunto en broma si su entrenador les pide que den patadas, responden al unísono que algunas veces sí, entre las carcajadas de sus progenitores presentes en el estudio de Radio Cigüeña. Luego y ante el asombro mostrado por el entrenador, matizan que lo que les dice es que aprieten a sus rivales. También cuando hacen referencia a un puesto en concreto de un compañero del equipo, les sale del alma, “es que era muy malo”. Luego tanto el entrenador como sus padres les corrigen, pero ellos no se quedan muy convencidos de que tengan que ser diplomáticos y no decir lo que piensan.
Llevan cuatro o cinco años jugando y Ariza y Sergio han sido entrenadores anteriores que han tenido en el Vivero. Dicen que eran muy buenos los dos, pero que Ramos es aún mejor. Se nota que se juegan la titularidad.
Ramos está encantado con su aventura. Dice que los chavales se empapan de todo lo que les dice, que pese a ser niños son muy disciplinados y que hacen caso a todo. Es un entrenador al que le gusta trabajar mucho con balón. Dice que cualquier ejercicio es susceptible de realizarse con balón y que dado que esa es la herramienta del futbolista, cuando más en contacto estén con ella, mucho mejor para todos.
Sufren especialmente cuando se enfrentan a rivales de segundo año. El San Blas es el equipo más fuerte al que se han enfrentado, según confiesan los futbolistas.
Ramos les dice a los jugadores que lo importante es que disfruten jugando, que el resultado no importa, si bien a todos les gusta ganar. Tiene 18 jugadores en la plantilla y dice que aunque trata de que todos participen, no todos lo hacen por igual. A la hora de repartir minutos, tiene mucho más en cuenta el esfuerzo y el trabajo para el equipo que la calidad individual. Trata de ser justo y procura premiar a los que más trabajan.
Iñaki y David tienen como afición principal el fútbol y es lo que más ven en la tele. No suelen ver demasiados partidos de otros equipos de La Escuela y dicen que cuando terminan de jugar su partido se van para casa. Compaginan estudios con deporte bastante bien y sus padres les amenazan con no dejarles ir a jugar si su rendimiento escolar se resiente.
Fue una entrevista entrañable, de las de disfrutar y terminaron saludando a sus amigos y familiares a través de nuestros micrófonos. Dada su juventud, ocasiones esperamos tener de sobra para hablar mucho más con ellos. Con el deseo de que sigan haciendo deporte y jugando al fútbol nos despedimos de ellos, prometiéndoles el ir a ver alguno de sus partidos.
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