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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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EL CASO FRITZ BAUER

de Lars Kraume

De nazis y jueces

Fritz Bauer fue abogado, fiscal, fiscal general, juez, y unas cuantas cosas más relacionadas con la jurisprudencia alemana de entreguerras y, muy especialmente, en el momento posterior al final de la II Guerra Mundial: Los años cincuenta y sesenta.

El caso Fritz Bauer es, realmente, el “Caso Adolf Eichman”. Porque tras años de pesquisas, seguimientos, persecución, debelación de secretos y rasgaduras de velos, lo que Bauer comprobó es que no podía traspasar las duras tapias de los oídos alemanes, americanos, europeos, o marcianos, y fue a contar a los del Mossad israelí el cuento de que el benefactor nazi estaba viviendo en paz y tranquilamente en Argentina, yendo todos los días a comprar pescadito fresco y una cuantas flores que poner sobre su mesa. Los del Mossad se lo creyeron, se fueron a Buenos Aires y convencieron a Eichman para que fuera a Israel a recibir el agradecimiento de los israelitas.

Todos los ojos puestos en la figura del genial matemático de las SS que fue capaz, nada menos, que en la conferencia de Wannsee, en 1942, de hacer los intrincados cáclculos para dar “la solución final al problema Judío, no solo dejando pasmado al angelito Heinrich Himmler, sino a los propios judíos que se abalanzaron a enrolarse en las “Judenräte, tan activas ellas en eso del transporte de judíos. Y nadie, (o muy pocos) habían “clavaito sus ojos verdes, verdes como el agua” en la figura de Fritz Bauer.

Pues bien, Lars Kraume se fija ahora en él y hace que nosotros volvamos hacia él nuestra vista y aquellas narices de entonces demasiado pudorosas para resistir tan malos olores.

Momentos oportunos

Momento oportuno, sí, para esta película. No ha salido de la principal Facultad de Filosofía de nuestro tiempo: la factoría Marvel. Y en unos momentos que los fascismos de derechas y de izquierdas están avanzando por Europa, más rápidos y finiquitadores que el caballo de Atila, es bueno que alguien nos ofrezca una película en la que se hable del Mal y nos haga reflexionar sobre las escasas posibilidades que, tras rantos siglos de Historia, tiene el hombre de alcanzar la armonía y, por ende, la felicidad. ¡Una película en la que se hable del mal… o de su banalidad! ¿Qué más da? ¿Es que hay diferencias y grados?

No creo que una película sirva para parar pies a gente tan heterogénea en lo aparente y tan homogénea en la esencia como Ukip inglés, Syhryza griego, Partido por la libertad de Austria, el Die Linkes alemán, Laicos Syndesnos griego, Podemos español, AFD alemán, To potami griego, Anel o los muchos que proliferan en Polonia, Hungría, Holanda… La memoria es débil, corta y, sobre todo, no quiere complicaciones. Quiere transcurrir con “normalidad”. ¿O es que alguien piensa que el 7 de Mayo de 1945 se lanzaron a las calles para celebrar el fin del nazismo? ¡No, hombre no! Hizo un día primaveral y salieron a tomar el sol. ¿Por qué no se lo preguntamos a esa nutrida fila de profesores metidos a política, gozososamente dispuestos a materializar el República ideada por Platón, que es excatamente la misma que el mirífico san Josémari entregó a sus devotos, numerarios o no, en “Camino”?.

¿Y a que adivinan inmediatamente el reclamo publicitario que han escogido distribuidores y exhibidores para hacer atrayente la película? ¡Cómo no lo vais a adivinar con  lo listos que sois!: “Fritz Bauer era judío, juez… ¡y MARICÓN”.  Claro que si yo estuviera en lugar de Fritz Bauer no se me ocurriría otra cosa que cantar aquello de la gran Sara Montiel:

Y no es que me importe
Haberos quer´’io,
Que limosna también se da a un pobre
Y  pobres habéis si’o

Pero, a lo mejor, Fritz Bauer no se lo tomaría así y quisiera aclarar que durante su exilio en Dinamarca, la policía tuvo ligeras sospechas de que andaba con chaperos. Nunca se pudo probar, ni se pudo probar homosexualidad o relación homosexual alguna. ¿A qué viene, pues, tanto interés en fijar la atención sobre algo que no existió? ¿Es más crimen la homosexualidad que el nazismo o fascismo que nos invade? Porque al bueno de Fritz se le puso por delante un largo Calvario.

Y vayamos con la última que le ha caído al pobre director: su realización es académica. Punto pelota. Para qué sugerar que la historia del arte está llena de obras maestras académicas? ¿Para qué decir que nadie nació genio? ¿O ahora sí? ¿Para qué seguir hablando? ¿Para qué seguir comentando que Burghart Klausser y que Ronald Zherfeld están impresionantes y sus interpretaciones son tan sólidas, coherentes y solventes que ya empezaba a temer que no volviera a encontrarme con actores de verdad en lo poco de vida que le queda.

Si no llegamos a la grandeza de la poesía trágica, es porque el horror que inspiran los hechos más bien nos obliga a meternos debajo de la butaca.

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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