<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Carta Don Matias
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CARTA A D. MATIAS, PENSIONISTA, EN EL DIA INTERNACIONAL DE INTERNET.

Madrid, 25 de octubre de 2005.

Querido D. Matías,

Hace mucho que no me dirijo a usted. Desde el “conflicto de las boinas”, ¿se acuerda?, cuando usted y D. Nicolás hicieron una sentada a la puerta del hogar del jubilado (perdón, que ahora lo llaman “centro de día de la tercera edad”) y no se movieron de allí hasta que “la Petri” (“labedelaesa”, como usted la llama), aceptara que podían pasar al salón de juego sin quitarse las boinas.

Le escribo esta vez para rogarle que ahora sea usted quien dé el brazo a torcer. Me lo pide D. Esperanza (“Laaguirre”, como usted la llama), que me dice que está usted “boicoteando un importantísimo proyecto de desarrollo de la sociedad de las comunicaciones globales en la Comunidad de Madrid”. Así me dice, que parece usted el “binladen” del barrio.

¡Pero hombre de Dios! ¿Por qué se empeña en quedarse al lado de allá de la brecha digital? ¿Por qué no asiste a los cursos de iniciación a Internet?

Entiendo que para usted será un poco vergonzoso aceptar que, hoy, o se sabe dar a la tecla o no se es nadie. Entiendo que no esté dispuesto a aguantar las cuchufletas de su nieto, después de haberle dicho tantas veces eso de “Deja ese trasto, que te vas a volver más tonto de lo que eres, y vete a jugar al fútbol, o a ligar, que es lo que tú necesitas”.

Pero debe entender las ventajas de Internet, sobre todo sus infinitas posibilidades de entretenimiento. Ya sé que a usted lo que le gusta es la partida de mus, con “el Nico”, “el Basi” y “el Cosme”. Pero eso también lo puede hacer en Internet, hasta puede usted jugar con un japonés, un argentino y una polaca, sin necesidad de aguantar las toses de “el Basi” o las tonterías de “el Nico”, que cada vez se le va más la cabeza. Además, un día de estos, cualquiera de ellos, que Dios no lo quiera, nos deja, y ya se fastidió la timba. En Internet tiene usted millones de compañeros de mus.

¡Y lo que puede usted aprender! ¿A usted no le gustaba tanto, ahora, en otoño, coger a su perrica Lucera y patear los bosques buscando setas? ¡Qué buenas estaban las patatas con níscalos que le preparaba su mujer, Concha! Pues ahora puede usted conocer todos los secretos de todas las setas del mundo. Busca en Internet y le salen miles y miles de páginas en español sobre las setas o sobre lo que sea. Que ya no hace falta saber idiomas para eso. ¡Bueno, si se saben idiomas, las páginas son millones!

¿Y viajar? ¿A usted no le gusta viajar? Pues con Internet es como si viajara a todos los sitios del mundo. No me diga que no le atrae la idea, a usted, que sólo ha hecho dos viajes en su vida: uno a Talavera, con Concha, de viaje de novios, en carro, y el otro a Madrid, a casa de su hija, cuando dejó el pueblo porque lo cubría el pantano.

¿Y sabe lo que es chatear? Usted que ha sido un ligón podrá ligar con todas las mujeres de todas las edades de todo el mundo. Bueno, que usted ha sido un ligón es un decir, porque siempre ha estado “amarrado” a Concha y nunca se ha permitido otro desliz que las miradas entre tiernas y nostálgicas que dirigía a Juana, de quien se enamoró siendo casi niño y a quien nunca dijo nada, y que fue a casarse a Bilbao. Por cierto, ¿es verdad que ha vuelto a encontrarla en el centro, que, por azares de la vida, ha venido también al barrio, a casa de una hija? ¡Ah, pillín! Nunca es tarde si la dicha es buena.

Pero estábamos hablando de chatear. No sabe lo emocionante que puede ser eso. Y sin los peligros del roce… Además, a ustedes no creo que les pongan controles de paternidad y ¡no se puede imaginar lo que se puede ver en Internet! ¡Se lo llega a pedir un día a Concha y duerme usted un mes con los cerdos!

Como ve, las posibilidades son muchas. ¡Dé el brazo a torcer, hombre! Esta vez quítese la boina. Y, de paso, quite las pancartas que ha puesto en el centro, esas de “Menos Internet y más calefacción”, o “Menos chatear y más bailar”, o “Yo no quiero el mundo, quiero que me devuelvan mi pueblo”… Vamos, hombre, que ya es usted mayorcito para jugar a las huelgas reivindicativas, aunque sea para impresionar a “la Juani”, que ya me han contando que, con eso de sujetar juntos la pancarta, aprovechan para hacer manitas.

Ande, deme una alegría que pueda transmitir a D. Esperanza, que con tantos disgustos tiene cada vez la cara más agria, y de verdad que esta mujer no es así, que es víctima de las malas lenguas.

Reciba mi más cordial saludo, D. Matías, y a ver si un día me paso por ahí y me presenta a “la Juani”.

Su amigo de usted que mucho le estima,

Julio González.