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AHORA... ¿QUE HACEMOS?

Defendí en su momento la libertad del Club Deportivo Covibar a la hora de ampliar sus secciones deportivas añadiendo el fútbol entre sus ofertas. Me pareció de justicia hacerlo, al margen de la oportunidad o no de fragmentar todavía más el ya dividido fútbol local.  

No les pareció igual de bien la idea a los dos clubes más veteranos del municipio, por el hecho, de que para crear los nuevos equipos, se nutrió especialmente de jugadores del Adpi y de La Escuela.  Jugadores, a los que nadie obligó a cambiarse de equipo, y que si lo hicieron fue porque consideraban que el club naciente era más interesante que los que ya conocían, por buscar nuevas oportunidades o simplemente porque les apeteció.

 

Lo cierto es, que aunque muchos se fueron, hubo más jugadores que permanecieron en sus equipos de siempre y lo mismo podemos decir de los entrenadores.

  Han pasado dos años y pico de aquello, y cuando ya se estaban olvidando las quejas y lamentos y tanto unos como otros trabajan en pos de obtener los mejor en instalaciones,  resultados y satisfacción de jugadores y padres, se presenta un caso complicado que despierta la expectación y curiosidad en todo el mundillo futbolístico de nuestro municipio.

  Un jugador, hijo de un entrenador que era de La Escuela y se marchó al Covibar, tras regresar sus compañeros en bloque al Adpi que es de donde procedían, decide retomar el camino de vuelta a La Escuela, porque al decir de todos, allí, están parte de sus amigos de siempre y porque personalmente prefiere volver a su Escuela antes que incorporarse al Adpi.

  Al principio, no hay problema aparente, y puesto que el equipo al que pretende incorporarse no goza de demasiados jugadores, pues la idea resulta atractiva para todos.

 

Sin embargo, las heridas que creíamos cicatrizadas, parece ser que siguen abiertas, y en un momento dado, incluso con ficha tramitada, La Escuela da marcha atrás y no le admite entre sus jugadores.

  Como defendí el derecho del Covibar a crear su sección de fútbol, me veo en la obligación de defender la posición de La Escuela a la hora de admitir o no a un determinado jugador. Otra cosa es que lo comparta. El jugador, no puede ni creo que deba pagar los errores que haya podido cometer su padre, su tío o el amigo de su padre, pero ahora mismo se ha llegado a una posición que difícilmente tendrá marcha atrás, y de verdad que me gustaría equivocarme. Se habla de insultos y amenazas por un lado, de denuncias y trámites judiciales y de muchas cosas que no son fútbol., y lo que creo que podría haber sido un buen ejemplo de tolerancia permitiendo el regreso a casa del hijo pródigo, se va a convertir en algo que no se ahora mismo en que va a desembocar.

  El padre del jugador, me ha pedido acudir a nuestro programa deportivo a tratar de explicar lo que sucede con su hijo, y he aceptado que venga, porque como decimos siempre, los micrófonos de Radio Cigüeña están abiertos a todo aquél que quiera acudir a exponer cualquier tema siempre que lo haga con respeto y educación.

  Si es cierto, que me voy a posicionar antes de que llegue el martes, y de hecho, le he comentado al propio padre que me parece inoportuno el que acuda, porque lejos de solucionar lo que le pasa a su hijo, posiblemente agrave el problema, y es que en esta historia, me da la sensación de que se equivoca bastante gente. Se equivoca La Escuela al no hacer un ejercicio de generosidad y admitir al chico entre sus filas, siempre y cuando no estuviera la plantilla completa, pero como decía antes, para bien o para mal, están en su derecho de hacerlo.

  Se equivoca el padre al tomar la negativa como una cosa personal y tratar de arreglar el tema en base a insultos y amenazas, que bien parece que no han salido de su boca, pero si de su entorno más cercano como son familia y amigos, y se equivocan todos en general por no saber hacer autocrítica y ver el fondo de las cuestiones y quedarse en lo superficial. Posiblemente me equivoque yo mismo por tratar de mediar en una situación muy tensa, y que seguro que mis opiniones no van a gustar demasiado ni a unos ni a otros.

  ¿Porqué se cambiaron  los jugadores en su día del Adpi y de La Escuela al Covibar? ¿Porqué un equipo completo que llegó del Adpi al Covibar y al cual entrenaba el padre de este jugador retoma el camino de vuelta? ¿Porqué hay equipos de fútbol en La Escuela  o en el Adpi de los cuales no se ha ido  nunca ningún jugador y de otros sin embargo sí? ¿Porqué ahora mismo jugadores del Covibar están retornando a La Escuela o al Adpi?

  Siempre he defendido que los jugadores instintivamente e involuntariamente marcan la salud de los clubes, y que la dirección de las “migraciones” indican en que sitios se están haciendo las cosas bien (los que reciben jugadores), y donde no se está trabajando tan bien (los que los pierden).

  Vayan estudiando esto, hagamos todos autocrítica y dejemos las lamentaciones y confrontaciones para otros casos. El que no debe de pagar nunca los errores de padres o dirigentes, es el jugador, pero el que no debe tampoco entrometerse en las decisiones de una entidad, de un equipo o de un entrenador, es el padre, y el como entrenador que ha sido y es, debería de saberlo.

 


José Mª Playán

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